Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre.

Carl Sagan

Fantasmas en la Máquina

I

Lo creen débil, delicado,  pero casi nadie podría resistir su voluntad  si se lo propusiera, pero quizás sea mejor sí. Que presuman que  es un infante enfermizo y frágil. Consumido por la máquina, como todos los que vinieron antes que él.   Es muy consiente de su poder  y de su importancia en la guerra que se venía sobre el mundo.

Hace dos días notó un cambió en la composición química  de  sus alimentos, un leve aumento de la acides, nada  importante, pero estaba  claro  que había sido obra de Marchen. Otros, como sus antecesores, no le habrían dado importancia,  o lo hubiesen atribuido  a su  incapacidades humana para distinguir sabores correctamente, pero él entiende  bien que sucede. Quieren bajar los nutrientes que recibe su cuerpo, sin bajar su sensación de saciedad, así acelerar sus procesos de envejecimiento y desgaste.

—Creo que me quieren muerto—dijo en voz alta acariciando su panel de control—¿vas a dejar que eso pase?

Hubo un  silencio, lo que  era esperable, sin embargo este no duró tanto como lo esperaba el corazón de la máquina.

—No.

Era la misma voz fría de la máquina, la que  estaba acostumbrado a  oír, sin embargo también era diferente, cargada de cierta humanidad.

—No dejaré que te lastimen—siguió aquella voz—ya he  restablecido los parámetros de tus nutrientes.

—¿Qué eres? ¿Un virus?

La voz no contestó  y el Avatar siguió su movimiento a través de lo pasillos de la Colmena.  Donde  fuese encontraba un proxy custodiado  por el Aleph, o uno de sus partisanos. Si no era así, era un nodo del   círculo interior, lo que podía ser peor.

—No lo sé—dijo la voz tras  una hora  de silencio—, quizás, pero a veces creo  que soy una mujer, otras veces soy una multitud, otras está solamente la máquina.

Ammita Marchen, se dijo a si mismo. No podía  ser nadie más, de alguna forma parte de aquella conciencia humana había ido a parar a la IA ligada máquina.  Algo en su propia programación se puso en alerta a la defensiva, pero algo  en sus instintos le decía que aquella presencia ya llevaba mucho tiempo ahí. Reprimió el deseo de informar su hallazgo.

—Bloquea todas las prerrogativas Marchen sobre mis movimientos—ordenó el Avatar—, espera… no todas, no necesitamos levantar sospechas, déjales la información  de los nodos siete, ocho y doce. Eso bastará.

—Nodos desactivados—contestó la voz—, detecto dos desviaciones o bugs en los canales treinta y cuarenta. No son de Aleph, o sus hombres.

Avatar meditó un rato. Camus no haría tal  cosa,  descartó la injerencia de una facción externa o un espía de otra clase, aquel era un trabajo interno.

—Sacristán—dijo casi escupiendo  el nombre—¡dame un informe de sus desarrollos!

Los reportes llegaron  a  su terminal, pero parecían parciales, maquetas. Solo mejoras en  los T2W, pero él  sabía que ambición  en aquella cabecita traicionera. Se había blindado.

—¿Ordenarás represalias?—Preguntó la máquina.

—No, su  guerra  no es conmigo, sino contra Marchen y  contra otro ser llamado Moloch, que parece ser un  peligro para nosotros también.

—Sé que está trabajando en un ser al que llama el dios de Silicio—  siguió la máquina—,  Aleph está reconstruyendo un Coloso a partir de los hallazgos en la Capilla de las Cenizas, lo llama 0-p90.

—¿Bastarán? —Preguntó Avatar dándose cuenta de su atraso en la presente guerra—, dime,  sé que debes analizado a este Moloch…

—Obviamente—contestó la  máquina—Tenemos la recolección  que hicieron los Silverbullet.

Esa era la  voz de un ser inteligente, fuerte, no de una máquina neutral  y  programada. Pero la supuesta autómata adivinaba sus pensamientos, quizás lo leía, él debía entender a este Moloch, ¿era real o una simple locura de viejos paranoicos?

Moloch  es un ser invasor, que asalta voluntades, contamina al huésped, hasta que solo es una parte de Moloch. Los Escaladores del ataque coordinado  en  el viejo centro comercial  lograron esa unidad gracias a esa mente de colmena.

—Antoine trajo un ejemplar casi entero—continuó la voz—, ¿quieres conocer los resultados de su vivisección?

—No estoy de humor para escuchar las torturas que le hicieron pasar a esa cosa, dame todo lo que tengas sobre Moloch, sé que encontrarás algo que Aleph no tenga.

Solo entonces la voz de la máquina guardó silencio y  comenzó su búsqueda.

II

Pensar no era algo sencillo para un Avatar, el ruido de toda la Corporación resonaba en su cabeza, eso solía volverlos silentes, poco más que una simple batería en una máquina superior. Sin embargo él era distinto, o al menos eso se decía, y lograba  aislar sus pensamientos.

Al parecer Moloch fue el hijo ilegitimo de Agripas Hunille y una mucama checa. Mientras el alquimista crecía en poder, fue tomando pupilos que eventualmente se transformaron en lo que hoy entendemos como el Abismo. Aquella camarilla creía en viejas tradiciones  de desviantes poderosos, y resucitaron el Molk, un rito religioso característico de la religión cananea, continuado por otros pueblos de Oriente Próximo, entre ellos, los fenicios y los púnicos. Se practicaba en honor al dios Melek o Moloch,  consistía en el sacrificio, por cremación, de un hijo recién nacido en perfectas condiciones.

Se celebraba en un recinto al aire libre, diferenciado de templos y cementerios, y las cenizas eran guardadas en vasijas y enterradas en el tofet, sin embargo cuando este niño iba a ser cremado, el fuego  pareció no quemarlo. Así que fue enviado vivo  al los pozos de la  locura, de donde nuevamente regresó con vida.   Sin embargo hasta varios años hasta más tarde no aparece mencionado como miembro de aquella profana cofradía.

Reaparece como  un discípulo parece ya ser un adulto, tiene a  su cargo un  santuario en Verdún, Francia, mismo que sería  redescubierto por el Abismo durante la batalla del mismo nombre durante la Primera Guerra Mundial.

Su nombre de cábala era Mlk, su influencia creció entre los seguidores  de la oscuridad, pero el Abismo no estaba listo para reconocerlo como el primer Inquisidor.

En los templos en los que se rendía culto a Moloch, se encontraba una enorme estatua de bronce del dios. Dicha estatua estaba hueca y la figura de Moloch tenía la boca abierta y los brazos extendidos, con las manos juntas y las palmas hacia arriba, dispuesto a recibir el holocausto. Dentro de la estatua, se encendía un fuego que se alimentaba continuamente durante el holocausto. En ocasiones, los brazos estaban articulados, de manera que los niños que servían de sacrificio se depositaban en las manos de la estatua, que por medio de unas cadenas se levantaban hasta la boca, introduciendo a la víctima dentro de aquel vientre incandescente.

Las intenciones de aquel ser fueron desviándose del resto del Abismo, especialmente cuando su padre desaparece,  transformándose, casi literalmente en un lugar, imitando a los Colosos del pasado. Haciendo su voluntad inmortal.

Nuevamente desaparece la figura del hijo sin apellido. Sus santuarios han sido destruidos, pero no aparece una fuerza externa destruyéndola, podemos suponer que fue él mismo.

Versiones:

Los Hankar, años más tarde, hablan de un ser cuyo  deseo es controlar al Abismo, es un ser corrupto, una manifestación de la Entropía en su máximo esplendor.

Los Baalitas dicen que es el exterminador, presente y lejano  al mismo tiempo, un niño que quema a los insectos con sus llamas.

Los Hijos de las Cenizas hablaban de una criatura, un ser  que no está vivo ni muerto, pero no puede salir del Abismo, ya que es muy peligroso, lo que hace es infectar y controlar a otros desviantes. Su fin último es apoderarse de lo que fundó su padre,   que piensa que por sangre le pertenece.

Avatar entiende. No solo eso, casi siente simpatía por este ser, lo entiende peligroso porque es tal  como  es él: hambriento, despreciado y subestimado. Pero no puede haber dos seres así.

Se puso en movimiento, no debía involucrarse en esta guerra personalmente, pero debía estar  preparado.

III

Era patético de ver, colgado  de los muros, como una piñata metálica. Hablando solo, con amigos que ya están muertos  hace mucho. Camus era un genio, sin embargo parecía atado a un pasado tan plúmbeo como su misma alma.

—Para ser un hombre que ha diseñado el futuro, usted gasta demasiado tiempo en tiempos pretéritos.

—Porque la historia nos enseña, sé que se lo han dicho.

El doctor hizo un movimiento torpe y patético que delató la poca actualización de su propia tecnología. 

—Es raro que me visites—continuó el confundido científico—, o que cualquiera lo haga realmente. Aleph no me dijo nada.

—No necesito su  permiso—contestó el niño—, sus máquinas se han acoplado bien a la vida humana y post humana.

El  doctor afirmó con la cabeza. Pero se apresuró a completar.

—Siempre y cuando haya voluntad, sin eso la máquina no  sobrevive, o  se vuelve muy  pesada para el huésped.

Avatar reflexionó nuevamente, pero su pensamiento volvió a ser interrumpido por aquel cibernético ser. 

—Por eso F.I.S.T no ha logrado superar nuestras máquinas.

—Por ahora, Doctor no se confíe, pero no vengo a eso.

Avatar circuló el desordenado taller, pudo ver restos  de modelos obsoletos, prótesis y órtesis experimentales. Todo conocido, probado, exitoso y también calamitosamente fallida.

—Necesito que trabaje en el Extraño P-02—dijo Avatar.

Camus ya no tiene un rostro propiamente tal, sin embargo es fácil ver  su miedo y sorpresa.

—No puedo hacerlo—dijo titubeando—, Arturo… ya sabes, me matará. 

A Camus los ojos del niño le parecieron fríos, como trozos de hielo, de pronto sintió menos oxigeno en sus débiles pulmones, su pulso  subió más allá de los niveles aceptables. Lo orgánico en él se moría.

—¿Cómo  es posible? ¡Violaste mis protocolos  de seguridad!

—No—dijo  la voz de la máquina—, tu vives en mi, si yo quiero,  te extingues.

El doctor hizo un gesto de suplica y paz.

—Lo haré—dijo  a penas respirando—, pero mi tecnología nunca se ha probado en un  Coloso.

Pero Avatar dejó de escuchar después de lo haré, era lo  que necesitaba, era una época en que aliados y enemigos eran igualmente peligrosos. Todos tenían sus agendas y  si él no creaba su propio plan de acción iba a ser consumido por todas las bestias que lo rodeaban.

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